Entrando en la provincia de Teruel por el valle del Jiloca, un desvío hacia el Este, en Calamocha, nos lleva hasta Monforte de Moyuela (Moçón) y Huesa del Común. Los importantes restos de castillos conservados en estas dos poblaciones dan testimonio de su estrategia y pintoresca localización en plana sierra.

Caballero de la Orden de Santiago

Puerta de la Ciudad
(Rubielos de Mora)
A partir de aquí nuestro trayecto se dirige hacia el Sur, llegando a Montalbán, sede de la encomienda mayor de Santiago, una de las ordenes de caballería medievales más importantes junto a la del Temple, el Hospital y Calatrava. Además de la obligada visita a la singular iglesia parroquial, el visitante puede acercarse a la Peña del Cid, precioso paraje enclavado a dos Km. de la localidad, uno de los muchos atractivos del Parque Cultural del Río Martín.
Volviendo por la Nacional 211 nos encaminaremos hacia el Poyo del Cid. Así describe el Cantar la impresionante presencia del Cerro de San Esteban, donde estuvo asentado el Cid en sus correrías por los valles del Martín y el Jiloca. Aprovechando nuestro paso por Monreal del Campo, es recomendable visitar el Museo del Azafrán, uno de los productos más significativos de la economía medieval turolense.

Siguiendo hacia el Sur la nacional 234,heredera de un importante camino de época medieval y romana, tomaremos un desvío hacia la Sierra de Albarracín.

El Poyo del Cid

Castillo de Peracense
Desde allí podemos acercarnos a uno de los monumentos mas llamativos de la provincia: el castillo roquedo de Peracense, punto fuerte de la frontera aragonesa durante toda la Edad Media.

Nuestro siguiente objetivo se halla hacia el sureste..."para en Fronchales quedar", actual Bronchales, entre cuyos espesos pinares todavía es posible rememorar al agreste paisaje por el que atravesaron las huestes del Mío Cid. Santa María de Albarracin, capital del reino berebere de los Banu Razín en tiempos del Cid, guarda todavía dentro de sus imponentes murallas huellas que no defraudarán al visitante: la catedral, un urbanismo de callejuelas estrechas y empinadas, así como ejemplos de la recia arquitectura popular de madera y tapial de la zona.
Si continuamos camino hacia el Este, nos encontramos con otro de los lugares más vivamente relacionados con la presencia de Rodrigo Díaz: Cella, "Celfa la del canal", citada repentinamente en el Cantar en alusión al acueducto romano que bordea la carretera que nos trae desde Albarracin. La fuente de Cella, la Lonja porticada de su Ayuntamiento y la iglesia parroquial de los siglos XIV y XV son también hitos imprescindibles en este itinerario.

Llegamos por fin a Teruel, la que el mismo Cid metió en paria y capital indiscutible del mudéjar aragonés. De ello dan buena cuenta sus cuatro torres y el artesonado de la catedral, patrimonio de la humanidad.

Fuente de Cella

Escenificación de los
Amantes de Teruel
No son los únicos testimonios de aquella época. El Mausoleo de los Amantes de Teruel, donde es posible rememorar la leyenda de Isabel y Diego, los torreones de sus murallas o la misma Plaza del Torico, cuyos pórticos albergaban desde época medieval el mercado de la Ciudad, todavía nos hablan de aquellos tiempos a la vez hermosos y terribles.

Desde Teruel, camino del Maestrazgo, todavía podemos rastrear interesantes testimonios cidianos. Imprescindibles es la visita de Mora de Rubielos, con su castillo de los Fernández de Heredia, Rubielos de Mora, o la Iglesuela del Cid, donde encontramos la ermita de la Virgen del Cid, en un bello rincón de estas serranías turolenses.
Todavía al Norte, es posible seguir la pista del Cid y sus hombres: "aquellas tierras negras de Alcañiz, las han dejado..." Aquí en Alcañiz, el castillo de los calatravos y sus magníficas pinturas del siglo XIV así como la magnífica plaza del Ayuntamiento recuerdan los innegables orígenes medievales de la villa.

No lejos, entre Monroyo y Morella, se sitúa el misterioso Pinar de Tévar, escenario de la batalla entre Rodrigo Díaz y el Conde de Barcelona.

Castillo de Alcañiz
Preparados están todos cuando esto el Cid hubo hablado;
las armas bien empuñadas, firmes sobre sus caballos.
Por la cuesta abajo llegan las mesnadas de los francos;
en el hondo de la cuesta y muy cerca ya del llano,
ordenó atacar el Cid Campeador bienhadado;
y así lo cumplen los suyos con voluntad y buen grado,
los pendones y las lanzas también los van empleando;
a los unos van hiriendo y a los otros derribando.
Vencedor en la batalla fue mío Cid bienhadado,
y en ella el Conde Ramón por prisionero ha quedado.
Allí ganó la colada que vale más de mil marcos.
(Cantar, 1000)
Dividida en tiempos del Cid entre los poderes musulmanes de Albarracín, Zaragoza y Valencia, la actual provincia de Teruel ofrece hermosos paisajes que unen lo épico a un rico patrimonio histórico-artístico y natural casi por descubrir.
Numerosos son los testimonios de la presencia de Rodrigo Díaz de Vivar en estas tierras turolenses, en las que el Cantar sitúa lugares tan evocadores como el Poyo del Cid; el Castillo de Peracense, que viera las correrías de Rodrigo y episodios de tanto dramatismo como la lucha entre el Cid y el Conde de Barcelona, en las espesuras del Pinar de Tévar.

Guarde, pues, el visitante memoria de todo lo que aquí viera, como lo guardaron los juglares que nos legaron el Cantar del Mío Cid, que esconde todavía hoy el misterio de otros tiempos y otros paisajes.