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Esta profunda garganta (60 a 80 m. de altura) secciona el margen meridional de la Depresión del Jiloca, dejando colgados los rellenos y glacis miocenos y pliocenos, para penetrar hasta las calizas y margas jurásicas. Durante este período, que se corresponde con el de los grandes saurios, esta zona fue ocupada por un mar poco profundo, salino y cálido. Actualmente, acantilados, pequeños bosques de rivera y el curso fluvial ocupan este bello paraje, únicamente accesible a pie. |
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Alimentada por las frías aguas del Macizo de Javalambre, se sitúa en una placeta, junto a la Calle Mayor de esta localidad. Construida en 1724, imita un pequeño templete clásico, apoyado sobre dos columnas dóricas y dos pilastras adosadas a la pared. El muro de fondo está formado por grandes sillares. El agua es un recurso vital para cualquier agrupación humana. |
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Más de 500 figuras pseudo-antropomorfas similares a éstas, se encuentran distribuidas en fuentes y otras construcciones (iglesias, ermitas, ayuntamientos, lavaderos...) de las provincias de Teruel, Castellón y Valencia. Debieron grabarse entre el 2º cuarto del siglo XVIII y mediados del XIX. El significado de los mismos está por aclarar, aunque todo parece indicar que se trata de signos mágico-religiosos. |
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En 1987 se localizaron una veintena de silos excavados en las gravas, en un espolón situado sobre la Vega del Turia, en El Ensanche. Dentro de ellos aparecieron cerámicas ibéricas, romanas e islámicas, además de tres puñales de hierro, carbones, caracoles, cáscaras de huevo, huesos de cordero y cerdo. El carbono 14 permitió datar el abandono de los silos hacia el año 790 de nuestra Era. |
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En 1994 se descubrieron los restos de una de las torres que flanqueaban el Portal de Zaragoza (finales s. XIV) y de cuatro fases constructivas de la muralla (ss. XIII -XV). Éste era uno de los principales accesos a la Ciudad, citado en el Fuero de Teruel. Se conservan numerosos tramos de las murallas de Teruel, en su mayor parte ocultos por viviendas construidas durante los dos últimos siglos. |
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Se localizaron catorce tumbas, algunas de ellas pertenecientes a personajes de alto nivel económico, como se deduce del ajuar: anillos-sello de oro, sortijas de plata (algunos de ellos con una perla), alfileres de bronce, cuentas de collar, objetos de vidrio, etc. además de restos de recipientes cerámicos y clavos pertenecientes a los féretros. |
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Parte de los recipientes cerámicos que aparecieron en una arqueta aséptica, posiblemente sellada tras haber sido arrojados. La coetanidad de la mayor parte de las piezas, su buen estado de conservación y la aparente unidad del conjunto (formado por 18 piezas de mesa, 7 de cocina y 3 de almacenaje) permiten considerar el hallazgo como fruto del abandono de todo un ajuar doméstico de una familia afectada por una de las epidemias de peste de inicios del siglo XVI. |
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Objeto ritual judío, datado en los ss. XIII - XIV, compuesto por ocho candilejas (que representan otros tantos días festivos) y una novena para depositar aceite. Se utilizaba en el Hannukkab (Fiesta de las Luces), en diciembre. Cerca del solar en el que se encontró esta pieza, se excavaron los bajos de un edificio público judío, con pilares y arquerías, que podría corresponder a una de las dos sinagogas documentadas en Teruel. |
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| La actual configuración de Teruel es el complejo resultado de más de ocho siglos de Historia. Desde su fundación en 1171, junto a las ruinas de una población musulmana (Tirwal, citado desde 935; centro de un distrito de la cora de Santaver), casi cuarenta generaciones de turolenses han habitado esta Villa. Durante su agitada historia, con no pocos episodios bélicos, su configuración urbana ha variado sensiblemente. Aunque la mayor parte del trazado vial podría remontarse al último cuarto del s. XII, la estructura más antigua visible data del 1257-58 (Torre de la Catedral). |
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![]() Fuentecerrada |
Bajo
la Ciudad actual subyacen restos mucho más antiguos, que poco a
poco son estudiados por los arqueólogos, de forma paralela a la
acelerada renovación arquitectónica de los últimos
años. Algunos de los restos exhumados nos hablan de los primeros
momentos de la ocupación humana de este territorio, como el colmillo
de elefante y los instrumentos líticos de la "Cuesta de la
Bajada"; éstos proceden de una antigua ciénaga, que
estuvo situada junto al río Alfambra cuando este discurría
a 50 o 60 m. por encima de su curso actual, durante el Paleolítico
Medio Antiguo. Otros restos son más recientes, como los materiales
ibéricos y romanos de la Avda. de América.
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Sin
embargo, el primitivo enclave musulmán se resiste a ser localizado.
En ninguna de las excavaciones arqueológicas efectuadas en el casco
antiguo de la Ciudad se han detectado restos de este momento. Únicamente
en la Avda. de América, en el Ensanche, se hallaron veinte silos
de finales del s. VIII.
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![]() Laguna de Rubiales |
![]() Pantano del Arquillo |
Más
abundantes son los restos del Teruel cristiano descubiertos en las excavaciones
arqueológicas. Alguno de ellos tienen un carácter monumental,
como el gran edificio, posiblemente público, hallado bajo la Plaza
de la Judería (ss. XIII a XV); el Portal de Zaragoza (ss. XIII
- XVIII) flanqueado por sendos torreones, uno de los cuales posee cuerpo
inferior en talud y aparejo de buena factura; el antiguo Ayuntamiento
(ss. XV a XIX), que estaba bajo la actual Escuela de Hostelería
de Aragón, que aportó una importante colección de
azulejos decorados, presumiblemente de la Sala Consistorial; los restos
del antiguo Hospital y de la Iglesia de San Juan, bajo la plaza homónima
(ss. XIII a XX); las posibles estructuras defensivas del flanco sur de
la Ciudad, sepultadas por hasta 7 metros de escombro (ss. XIII a XV).
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El
Teruel subterráneo
esconde aún muchos restos arqueológicos que podrían
ver la luz en los próximos años. De algunos se conoce su
ubicación aproximada; la Mezquita
y el Pozo de los Moros, en la Plaza
del Seminario; el Palacio del Rey,
bajo el Monasterio de Santa Clara; la Iglesia
de Santiago, frente a Correos, etc. De otros, únicamente
sabemos su existencia, como es el caso de los Baños.
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![]() Arco de Santa Bárbara |
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Pero,
la estructura arqueológica más extensa y compleja de las
existentes bajo el subsuelo de la Ciudad, es la traída de aguas
iniciada por Pierres Vedel en 1537 y que no se completará hasta
1580. Referenciada documentalmente, es una gran desconocida, en la mayor
parte de su trazado, a nivel arqueológico y técnico. En
ella se compaginan los elementos visibles y monumentales (como el Acueducto
de los Arcos), con los ocultos y netamente funcionales (más del
95% de su trazado). Se trata del auténtico paradigma del Teruel
Subterráneo, síntesis
de los elementos visibles y ocultos de la Ciudad.
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El
agua, elemento vital, ha sido, desde siempre, un tema de preocupación.
Necesaria en la alimentación humana y animal, en el riego de huertas
y como fuerza motriz para molinos y batanes, el Fuero de Teruel (otorgado
en 1177 y completado hasta 1247) trasluce esta inquietud. El uso y disfrute
del líquido elemento será uno de los privilegios concedidos
a los vecinos de Teruel. En el Fuero se regularán numerosos aspectos
vinculados con el agua en el agro (riegos, molinos, pesca fluvial) y en
el ámbito urbano. Dentro de este último, es interesante
señalar las disposiciones sobre el baño público,
cuyo uso se reservaba cinco días a la semana para los cristianos
(tres a los hombres y dos a las mujeres), mientras que a moros y judíos
únicamente se les dejaba acceder los viernes.
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![]() Río Turia |
Pero
Teruel se asienta sobre una terraza del río Turia, a 40 metros
sobre su cauce. Carece de surgencias naturales de entidad en el interior
de su recinto murado y el nivel freático se sitúa a cierta
profundidad. El precario suministro de agua para la Villa se centralizará,
durante la Edad Media, en los dos aljibes
existentes bajo la Plaza del Torico, cuya accidentada reparación
costó la vida a 23 personas el 30-10-1375. También pudo
existir algún pozo (como el Pozo de los
Moros, documentado en 1445), pero
su producción difícilmente cubriría las necesidades
de la Villa.
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Entre
1537 y 1580 se construirá la traída de aguas de la Ciudad.
Esta obra, iniciada por Pierres Vedel, debe enmarcarse en el contexto
de las grandes obras hidráulicas realizadas en Aragón durante
el s. XVI (la Mina de Daroca, obra, igualmente, de Vedel; la presa de
Gallur, la acequia de Tauste, nuevos azudes en Caspe, reforma o recuperación
de los regadíos de Alcañiz, Barbastro).
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La
conducción de aguas parte de la Peña
del Macho, alcanzando Los
Arcos tras más de 5200 varas de recorrido (unos 4 Km.),
jalonados por 140 arcas. Debe salvar varias ramblas, lo que complicará
sensiblemente su trazado. El último gran obstáculo, el profundo
barranco que delimita el núcleo principal de la Ciudad por el NO,
los franquea gracias a Los Arcos;
éste posiblemente sea el principal acueducto renacentista español
y la obra más destacada de Pierres Vedel, que emulará a
las obras hidráulicas romanas. La doble funcionalidad de este elemento,
acueducto y viaducto a un tiempo, se suele atribuir a una vieja disposición
foral, que determinaba la habilitación de un puente, si el Concejo
lo consideraba oportuno, inserto en la obra de todo acueducto que se construyera
(Sciendum vero est quod quicumque calicem sive aqueductum
fecerit, ipsemet debet in eo pontem facere, si fuerit, ipsement debet
in eo pontem facere" FT, 037410-037440). No obstante, es preciso
tener en cuenta que dicha disposición se enmarca en el contexto
de la normativa de construcción de molinos, pudiendo obedecer la
habilitación de un viaducto en Los Arcos a un deseo de facilitar
la comunicación de los Arrabales con la Ciudad, más que
a una disposición dictada tres siglos antes.
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Una
vez en la Ciudad, este complejo laberinto subterráneo dibuja lo
que fue el Teruel del s. XVI. El suministro de agua alcanzó los
puntos más destacados de la Ciudad, siempre que los desniveles
internos de la misma lo permitieron. Se instalaron fuentes en las principales
plazas y junto a la mayor parte de las Iglesias: Fuente de Juan Pérez
(Plaza de la Comunidad), de San Miguel, de la Plaza Mayor, del Fosal de
San Salvador, de San Andrés, de San Juan, de Santa María
y Fuente de Santiago. Algunos edificios contaban con fuente propia, como
el Fuerte, el Convento de los Trinitarios y el Convento de Santa Clara,
o una "fregadera", como el Hospital. La práctica totalidad
de las fuentes han desaparecido en el devenir del tiempo; la única
conservada es la que se encuentra adosada a la Casa del Dean, en la Plaza
de la Catedral; se trata de la antigua Fuente del Arrabal, que sustituyó
a la original Fuente de Santa María.
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![]() Los Baños |
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Otros elementos destacados en esta compleja obra de ingeniería serán el dispositivo de limpieza de la red mediante desvío de la corriente de agua (arca nº 100) y el arca principal desde la que se distribuía el agua, cerca del Portal de Zaragoza. |
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"Primeramente
está en memoria que empieza la dicha fuente de una arca que hay
encañada con alcaduces de a sueldo que está encima la caxa
principal encima la peña del macho
...". Una peña desgajada, a cuyo pie aflora una importante
surgencia de agua, marca el inicio del complejo sistema de traída
de aguas del s. XVI. "Desde la sobredicha arca asta el principio
del arco del camino de Sant Cristóbal
dentro de dicho cerrado hay cinquenta varas...". Cuando el agua atraviesa
este sobrio arco de medio punto, ya ha recorrido varios kilómetros
de canalizaciones, 135 arcas o registros y alguna fuente, como el "caño
de Santa Bárbara".
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El
último gran obstáculo se salvará mediante el Acueducto
de los Arcos. Desde éste, la red de aguas se completará
con otros 2,3 Km. de conducciones, varias minas trazadas para mantener
la inclinación necesaria y unas cincuenta arcas. El destino final
serán varias fuentes, conservándose solamente una de dicha
época (Fuente de la Casa del Dean).
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La
Fuente del Torico
sustituyó en 1858 a la "Fuente de la Plaça Mayor"
(1585), que estaba situada en el flanco septentrional de la Plaza. A pesar
de tener menos de un siglo y medio de existencia, la actual fuente es
uno de los monumentos emblemáticos de Teruel. Diez años
después, en 1868, se construyó la Fuente de los Franciscanos.
En el Ensanche también se han construido bellas fuentes, como la
de José Torán, realizada
en 1935 con figuras de bronce de Vitorio Macho.
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